AYUDANDO AL BUEN MORIR

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Esther Morales León
Psicóloga Clínica y Educacional – Chile
www.esthermorales.cl

 

La muerte es el término de la vida, existe una concepción biológica, social, religiosa y espiritual acerca de este proceso humano, pero que también ocurre a nivel estelar, animal y vegetal, en el caso de nuestra especie, corresponde al proceso de separación del cuerpo y el alma.

En este artículo nos referiremos a la muerte natural, especialmente aquella que ocurre en la ancianidad, cuando ya hemos terminado nuestro ciclo de vida en la tierra y que permite a nuestra alma desprenderse de un cuerpo viejo y enfermo, para lograr una expansión y una conciencia, que no son posibles en el mundo material, cuando estamos encarnados.

A pesar de haberme criado en una familia católica, estudiar en un colegio de monjas y luego en una universidad pontificia, nunca encontré respuesta al misterio de la muerte, como la que entregan religiones y filosofías orientales, de culturas milenarias como la china, india, japonesa, etc. Allí la muerte es sólo un paso entre vidas, no tiene la connotación de la desaparición final del ser humano,  de pérdida y de tragedia, sino que es un paso natural que nos permite seguir evolucionando como almas, encarnando en diferentes cuerpos.

En la cultura occidental el cuerpo y la mente son extremadamente importantes, el sentido de nuestra vida tiene que ver con nuestra identidad, la familia, la pareja, los hijos, la profesión, sin embargo y salvo que la muerte ocurra a una persona cercana, nos olvidamos de ella, ni siquiera queremos pensar en este proceso natural, la vemos muy lejana, con ignorancia, temor, no sabemos qué ocurrirá después, la muerte es muy temida y se transforma en una tragedia de grandes proporciones, cuando ocurre por ejemplo en un niño, un joven, especialmente por enfermedad o accidente, pero curiosamente también en un anciano, que ha alcanzado el término de su existencia.

Nos cuesta envejecer, porque cumplir años nos acerca a ese fin tan temido, también nos expone a posibles enfermedades como el cáncer, la diabetes, el alzheimer, etc. sin entender que estos males crónicos tienen mucho que ver con nuestro estilo de vida y sólo nos ocupamos después de un diagnóstico médico y generalmente cuando ya es demasiado tarde.

En la medida que avanzamos en edad, vemos el deterioro y la baja de energía vital de miembros de nuestra familia de origen, personas mayores más o menos cercanas y obviamente es más doloroso, cuando son personas que viven con nosotros o son muy queridas. Dichas personas requieren cuidos especiales, tratamientos médicos a veces costosos, recargan nuestro día a día y demandan el tiempo que necesitamos entregar a nuestra pareja, hijos y trabajo.

No sabemos cómo prepararnos para la muerte de estas personas y en cambio muchas veces nos aferramos a ellos, no aceptamos su próxima partida, con un alto costo emocional, afectivo y económico. Algunos están postrados, toman altas dosis de medicamentos, han perdido la memoria, hace tiempo que ya no son autovalentes, sin embargo al final  de su ciclo de vida, el espíritu está más conectado, porque saben que la muerte está próxima y dejarán el cuerpo físico, el vehículo que les permitió la vida. A nivel emocional y mental muchos de ellos tiene miedo, no saben lo que les espera, especialmente si sus creencias religiosas y espirituales, ven a la muerte como el fin de todo.

Ahora les contaré algunos aspectos de mi experiencia personal, con el tema :

Cuando yo nací mis abuelos paternos ya habían fallecido, por lo cual no tuve la oportunidad de conocerlos, sin embargo tuve la suerte de compartir nueve años con mi abuelo materno y hasta que fui adulta, con mi abuela materna, quien fué algo así como una madre para mí. Ella murió a los 86 años, sin tener ninguna enfermedad grave, pero con un deterioro cognitivo, después de haber vivido en plenitud, haber sido esposa, madre, abuela y una mujer con ideas de avanzada, que me confesó su deseo frustrado de haber sido médico, en una época en que las mujeres no iban a la universidad.

Al poco tiempo de su muerte, leí un libro maravilloso, escrito por el dr Raymond Moody, llamado «Vida Depués de la Vida», que relataba experiencias de pacientes que habían estado en trance de casi muerte y habían vuelto a la vida, lo cual me permitió tener una visión más espiritual de la muerte, que me resultó amable y esperanzadora.

Más adelante, pude conocer la maravillosa obra de la psiquiatra y escritora suizo-americana dra. Elizabeth Kubler-Ross, quien a mi juicio es la más importante tanatóloga que ha existido, ella fué quien describió las cinco etapas del duelo y sentó las bases de los modernos cuidados paliativos, cuyo objetivo es que el enfermo afronte la muerte con serenidad y hasta con alegría.

Después de algunos años, mi segundo hijo, fue aquejado por una gravísima enfermedad neurológica que lo tuvo durante años, muy cerca de morir y esa experiencia ha sido lejos lo más fuerte y doloroso, que me ha tocado vivir en mi ciclo de vida actual. Sin embargo aquello aperturó una conciencia nueva dentro mío, que estoy segura no habría ocurrido de otra forma. Me abrí a un amor por mi vida, la de mi familia, amigos, pacientes y también a un sentimiento expandido y amoroso por nuestro mundo y las diversas formas que adopta la vida, pertenecientes a los distintos reinos, me transformé en una ecologista activa, entendiendo la enorme responsabilidad que tenemos como humanos, en la preservación de las distintas formas en que se manifiesta la vida, en el planeta tierra. Además como mi profesión de psicóloga clínica, me otorga la posibilidad del contacto directo con el dolor humano, pude acoger de una forma más sensitiva y empática a quienes llegaban a mi consulta, en busca de ayuda.

Con los años, mi hijo mayor escogió hacer un trabajo en la universidad sobre la Regresión a Vidas Pasadas y yo sin tener mayor experiencia en este tema, salvo haberme leído los libros de Brian Weiss, me ví casi «presionada» a hacer por primera vez una regresión a mi hijo y a quien era su compañera en el ramo. Este simple acción me dió el valor para comenzar a utilizar en mi experiencia clínica, esta maravilloso herramienta de autoconocimiento, sanación, apertura espiritual y ya llevo aproximadamente quince años realizando regresiones a mis pacientes, sorprendiéndome cada vez, con las impactantes vivencias y resultados que allí se obtienen, una prueba de que la vida después de la vida, es algo real.

Ahora voy a relatarles, mi experiencia como una persona que ha facilitado la transición al otro plano, de tres miembros ancianos de mi familia materna, ellos fueron en orden cronológico, mi tío Francisco, a los 86 años, mi madre Elcira, a los 93 años y mi tío Fernando a los 83 años, todos ellos hermanos.

La primera vez que lo hice, fue algo que nació de mi espíritu en forma natural y luego lo repliqué en la segunda y tercera vez, sin grandes variaciones.

Utilicé una metodología simple en forma intuitiva y espontánea, con un sentimiento amoroso y respetuoso, para estas tres personas que fueron muy importantes en mi vida, mi alma también estuvo abierta y receptiva a que la posibilidad de canalizar de mejor forma, la actitud y las palabras que necesitaba para realizar tan delicada tarea.

Describiré la forma como lo hice y sus resultados en 6 pasos, que pueden servir de guía, a quienes desee tomar algunas ideas y adaptarlas a su momento y situación personal :

  1. PREPARACION : Busqué un momento tranquilo y pedí a los cercanos, estar un momento a solas con la persona, entendiendo que a pesar de que ya estaba en coma, su espíritu estaba completamente receptivo, a cuanto ocurría a su alrededor y especialmente si lo que recibiría sería algo trascendente, para poder hace su paso al más allá.
  2. REIKI : Hice algunas respiraciones profunda con ojos cerrados y realicé un recorrido con mis manos abiertas, por el campo energético de la persona, en dirección de cabeza a pies, por el centro y los costados de su cuerpo. Luego puse mi mano izquierda sobre la cabeza y la derecha sobre el corazón, para armonizar.
  3. SITUACION ACTUAL : Después de un momento me senté al lado de la persona y tomé una de sus manos, con respeto y delicadeza, iniciando la comunicación verbal con ella, describiendo con el mayor realismo posible, cuál era su situación actual en términos de calidad de vida, salud, relaciones familiares, aspecto económico, necesidad de cuidados especiales, tratamientos médicos y farmacológicos, etc.
  4. AGRADECIMIENTO : Hice un relato lo más objetivo posible, respecto del tipo de persona que fue durante su vida, con sus principales cualidades y dones, un recorrido por los principales hitos de su existencia, agradeciendo en su nombre, todo lo bueno que le ocurrió en su vida, por todos sus logros y éxitos de todo tipo en el ámbito personal, de pareja, familiar y social. Luego hice una descripción de lo que la persona había significado para mi vida, describiendo las mejores características de nuestra relación, permitiéndome agradecerle por todo lo entregado a través del tiempo, en aspectos afectivos, emocionales, materiales, etc.
  5. PERDON : Este fue el momento más crucial, de nuestra despedida y tuvo que ver con darme la oportunidad de pedir disculpas o perdón por algunas situaciones en las cuales no actué correctamente con la persona, fallé, abandoné o hice daño de alguna manera. Para mí este fue el momento más emocionante y significativo, que me permitió no quedar con nada pendiente y liberar               responsabilidades y culpas, en el momento que la persona aún estaba viva y podía escucharme.
  6. PREPARANDO EL VIAJE : Realicé una descripción de como ocurriría su paso a la muerte, como el término de esta vida terrenal y del cuerpo físico como el vehículo que le permitió su existencia en la tercera dimensión y conjuntamente el paso de su espíritu o alma a dimensiones más elevadas, donde no existe la vejez, el dolor, el sufrimiento, el miedo, la pena, ya que ello sólo ocurre cuando se tiene un cuerpo, una mente y un ego. En este paso es importante aludir a las creencias religiosas o espirituales de la persona, como una forma de facilitar la comprensión de la trascendente experiencia que vivirá, enfatizando que el alma ingresara a un espacio luminoso, donde sentirá mucha paz y mucho amor. También que será recibido (a) por algunos familiares, amigos, pareja, que ya partieron, por lo cual en ningún momento sentirá ni miedo, ni soledad.

RESULTADOS OBTENIDOS   :  En los tres casos, las personas continuaron en coma, sin señales de agravamiento de su condición médica, en el caso de mi madre, ella cerró sus ojos, relajó completamente su rostro y cuerpo, en el caso de los varones continuaron recibiendo oxígeno y respirando ruidosamente.

El fallecimiento de los tres ocurrió en la madrugada y de forma pacífica, dos a tres días de haber sido asistidos, sus rostros estaban plácidos y serenos, lo cual llamó la atención de personas que los vieron una vez fallecidos, durante su velatorio o funeral.

Para mí personalmente, fue una oportunidad de devolverles lo que me entregaron en vida, a la vez que el enorme privilegio de haberlos acompañado amorosamente, en su último tiempo en la tierra. Espero que este artículo les sirva como guía, en caso de que les toque vivir la proximidad de la muerte de algún cercano y siéntanse libres de ayudar a esa persona de la forma más auténtica y natural  como les dicte su corazón, este será el mejor regalo que uds podrán hacerles……..


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